EL EVANGELIO DE JESÚS

 EL EVANGELIO DE JESÚS 

El término El término «evangelio», en el contexto bíblico, son: «las buenas noticas de Jesucristo». Buenas noticias para el alma de toda persona que anhela comenzar el maravillo viaje hacia la reconciliación con el Padre Celestial (Rom 5:10). Por esta razón, es supremamente necesario que a estas buenas nuevas le dediquemos toda nuestra atención para entender el propósito por el cual son en verdad buenas noticias.

Este evangelio, pues, es un mensaje vigente y relevante para todo ser humano con uso de razón, y hasta el día de hoy tiene el mismo propósito e impacto en nuestros corazones; la salvación del alma (Rom 1:16). Por tanto, dependiendo de qué clase de corazón tengamos    ( Lucas 8:4-15), así mismo será nuestra respuesta a este llamado que Dios nos hace por medio de estas buenas noticias, que se conocen como: el evangelio (2Tes 2:14).

Dios en su palabra enseña que hay un solo evangelio, el cual, nos salva y une a Dios Padre a través de Jesucristo (Cfr. Gál 1:6-9). El mismo es declarado en el Nuevo Testamento como la base fundamental de nuestra fe para ser aceptos por Dios, de principio a fin. «Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.» Romanos 1:17. Se trata de creer de todo corazón que Jesucristo es el Hijo de Dios (Hch 8:37; igual a Dios, Fil 2:6), sometiéndonos completamente a su soberana autoridad sobre nuestras vidas.

«Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras»

— 1Corintios 15:3-4

Todos nosotros nos hemos descarriado y desviado de Dios. Esto fue lo que sucedió cuando el pecado tocó la puerta de nuestro corazón y a su vez se la abrimos voluntariamente y sin reparo alguno para apartarnos de nuestro Dios y Creador. «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» Romanos 3:23. Por esta razón, Dios que es rico en misericordia (Efe 2:4-5), por amor a los hombres perdidos (Jua 3:16), envío a su Hijo unigénito a habitar en un cuerpo semejante al nuestro, ofreciéndolo como el sacrificio perfecto que nos libra de la condenación eterna del pecado (Rom 6:23; 2Ts 1:9), «con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros». 1Pedro 1:19-20.

Así que, no solo es necesario creer en los grandes hechos que se describen acerca de Cristo, sino obedecerlos, entendiendo que Jesucristo es autor de eterna salvación para todos los que le obedecen (Heb 5:9); para todos los que obedecen su evangelio: su muerte por nuestros pecados, su sepultura y resurrección. Para que desde esa obediencia a Dios comencemos el camino verdadero hacia la vida eterna, sometidos a Jesús de todo corazón, por haber obtenido el perdón de nuestros pecados pasados.

Me explico: Una vez que hayamos oído y creído de todo corazón en el evangelio de Jesús, Dios para salvarnos exige de nosotros que renunciemos o muramos voluntariamente a nuestra vana manera de vivir (Hch 17:30); que seamos sumergidos o sepultados bajo las aguas del bautismo, como símbolo espiritual del momento en el cual son lavados nuestros pecados (Hch 22:16), dejando a partir de allí la vida vieja del pecado y emprendiendo así la vida nueva del amor de Dios, al salir del agua como resucitados de entre los muertos por la fe en la sangre de Jesús, nuestro Señor y Salvador (Awpo 1:5; Col 2:12; 1Ped 3:21; Hch 2:38, 41).

«¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.»

— Romanos 6:3-4 

Estimado lector, Dios le ofrece por el evangelio una nueva vida y una esperanza eterna en los cielos (1Ped 1:3-4), ya que, rechazar las palabras del Señor Jesús le traerán terribles consecuencias en el día del juicio final (Jua 12:48-50).

¡Contacte con nosotros si podemos ayudarle en su obediencia al evangelio de Jesús!

«Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.»

— Hechos 22:16

Por : Carlos Benavides



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